Florecer





Aparente quietud ante tus ojos,
aquí, esta herida —no hay ajenos límites—
hoy es el fiel de tu equilibrio estable.

La herida es tuya, el cuerpo en que está abierta
es tuyo, aun yerto y lívido. Ven, toca,
baja más cerca. ¿Acaso ves tu origen
entrando por tus ojos a esta parte
contraria de la vida? ¿Qué has hallado?

¿Algo que no sea tuyo en permanencia?

Tira tu daga. Tira tus sentidos.
Dentro de ti te engendra lo que has dado,
fue tuyo y siempre es acción continua.

Esta herida es testigo: nadie ha muerto.

E. Prados Generación del 27





Rajé el músculo
para ver el filamento del miedo
y conseguir decir:
"aquí  descansa
aquí escuece
yo ya no estoy ahí
mi cuerpo sí
pero no soy yo
es ese pánico...
pero no soy yo".

Aunque no, tampoco fue miedo.

Fue como chillar un nombre en mitad del campo.
Fue batallar vida con (más) muerte.
Era mi nombre
en lengua de los elfos.

¿Qué es
esta bóveda
en mitad del pecho?

¿Quién es
ella hecha de ramales?

Siempre hay desgarros de tela
en mitad del campo
no se sabe de quién son
ni cómo llegaron hasta allí
pero todos notaron su intrusión sexual
por entre cerezos.

Todos olisquearon el grito
que en secreto
se prolonga.